Sedentarismo y actividad física en la mujer

Los niveles de inactividad física son elevados en prácticamente todos los países desarrollados y en desarrollo. Se ha observado que el sedentarismo es el cuarto factor de riesgo en lo que respecta a la mortalidad mundial (6% de las muertes registradas en todo el mundo). En la actualidad varios estudios desarrollados a nivel nacional e internacional, muestran una prevalecía del 75 al 80% de sedentarismo entre la población general, observándose un marcado incremento en etapas tempranas de la vida. El 34% de las mujeres a nivel mundial son sedentarias, superando en un 6% al género masculino.
Según la Tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo para Enfermedades No Transmisibles (2013) en Argentina, se observó una prevalencia de actividad física baja del 55,1% mayor a la registrada en la ENFR 2005 (46,2%).
Las mujeres tienen mayores tasas de actividad física baja comparadas con los varones (58,5% vs. 50,8%). El 49,4% de los que realizaban actividad física lo hacían para mejorar su condición. Se observó una diferencia en la motivación para ejecutarlas al visualizar que los varones practicaban actividad física por gusto/diversión (55,3%) y en segundo lugar por razones de salud (29,4%), mientras que en las mujeres el orden era inverso (por razones de salud 45,8% y por gusto/diversión 30,3%).

Las mujeres generalmente son más sedentarias que los varones por falta de tiempo libre. Esta conclusión no es de extrañar si se tiene en cuenta que la mujer hoy cumple con doble jornada: la del trabajo y la de casa dejando de lado al ejercicio físico. La vida sedentaria genera más inactividad física propiciando adaptaciones negativas a la inmovilización, entrando en un círculo vicioso que genera más inactividad de la que cada vez es más difícil de salir.

La obesidad es la consecuencia visible del sedentarismo físico conjuntamente con la reducción del tamaño y la fuerza muscular (sarcopenia), la mayor resistencia a la insulina, la menor respuesta cardiovascular, las alteraciones en niveles sanguíneos de lípidos y la aceleración de la pérdida de masa ósea (osteoporosis).
Se estima que el 70% de los trastornos que sufre el género femenino guardan relación directa o indirecta con la falta de actividad física. Esto porque ella a temprana edad pierde tejido muscular y gana tejido adiposo, producto de hábitos sedentarios de vida. Se ha demostrado que las mujeres más activas así como aquellas con entrenamiento físico desarrollan menos enfermedad coronaria que las sedentarias.
Está ampliamente comprobado que estilos de vida sedentarios son una importante causa de mortalidad, morbilidad y discapacidad. Se estima que la inactividad física es aproximadamente la causa del 30% de las cardiopatías isquémicas, del 21%-25% de los cánceres de mama y de colon1, del 27% de los casos de diabetes.
Además las mujeres sedentarias están más propensas a la depresión, notan más los efectos de la menopausia, presentan problemas para dormir, son menos productivas y tienen mayor deterioro cognitivo.

La mujer sedentaria tiene que tomar conciencia que debe moverse y que pasar largas horas sentada no es la actividad que el organismo requiere. La solución es la ejecución de ejercicio físico diario, mover la masa muscular lo suficiente como para compensar la que no ha movido durante horas.
El ejercicio físico es un tipo de actividad física que es planificado, estructurado, repetitivo y tiene como objetivo recuperar, mejorar y/o mantener la forma física, que es el estado en el que el individuo logra un apropiado estado cardiorrespiratorio, muscular, articular, de composición corporal y metabólica. No debe confundírselo con la actividad física que es todo movimiento corporal producido por el sistema muscular que resulte en un gasto de energía mayor que el de reposo, sin intensión específica.
La eficacia del ejercicio físico, depende de la dosis y la regularidad del mismo, sus efectos se producen solo mientras se efectúa su práctica regular y los efectos favorables del mismo se pierden rápidamente cuando se produce el abandono.
Sólo hace bien el ejercicio actual y no el histórico, no existe límite de edad para gozar de sus beneficios, tampoco importa cuan largo ha sido el tiempo de sedentarismo, nunca es tarde para indicar e iniciar el cambio.
Los médicos debemos prescribir el tratamiento del sedentarismo por medio del ejercicio físico, con el mismo compromiso que indicamos cualquier tratamiento con medicación y/o quirúrgico buscando un beneficio integral para nuestras pacientes.
Es fundamental que la mujer encuentre un equilibrio entre las actividades cotidianas, intelectuales y físicas, estimulándola a romper con la rutina cotidiana, invitándola a abandonar la inactividad física, a ponerse en movimiento para disfrutar de una vida más activa, saludable y con menos riesgo de enfermedad.

Deportes y Mujer

La participación de la mujer en el deporte es muy reciente, fue en el siglo pasado cuando por primera vez intervino en los juegos olímpicos de 1928. Sólo a partir de los años setenta empezó a entrenar y a competir en actividades atléticas asociadas con ejercicio físico intenso, que habían sido permitidas sólo a los hombres.

Las respuestas y adaptaciones del organismo de las mujeres frente al ejercicio son similares a las del hombre, pero no iguales, por lo que debemos tener en cuenta los procesos fisiológicos que los diferencian a la hora de enfrentarse al ejercicio.

Las diferencias entre géneros en las respuestas cardiovasculares al ejercicio son debidas al menor tamaño del corazón y por consiguiente del ventrículo izquierdo, que determina un volumen sistólico y un gasto cardiaco menor en la mujer.

La frecuencia cardiaca es mayor a un nivel de esfuerzo submáximo en la mujer, pero no existen diferencias en ambos géneros en entrenamientos con trabajos máximos.
En el transporte de oxígeno las diferencias se deben a la menor cantidad de glóbulos rojos y de hemoglobina en las mujeres, lo que disminuye la capacidad de transportar oxígeno, aproximadamente un 10% menor que en los hombres.

Debido a las características de las fibras musculares, en el hombre es mayor el rendimiento neuromuscular en la ejecución de movimientos rápidos, pero la mujer en determinados eventos deportivos de larga duración, tiene mayor la resistencia muscular

En la mujer el desarrollo de la flexibilidad en las extremidades inferiores es menor que el de las superiores, estos contrastes no se encontraron en el hombre. Las diferencias en la masa muscular, la geometría articular y la estructura del colágeno muscular es diferente en ambos géneros y justifican la mayor extensibilidad muscular en la mujer.

Sedentarismo y actividad física en la mujer

Fuente: Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (www.saha.org.ar)