La sal que no vemos

¿Qué culpa tiene el salero?

Si nos imaginamos que el siguiente círculo representa el 100% del sodio que comemos en un día, ¿cuánto de ese sodio está representado por el salero? La mayoría de las personas responden un 80, un 90, un 100%. Es decir, piensan que el mayor culpable de que consumamos sodio es el salero, pero la realidad es que el salero aporta aproximadamente el 25% del sodio que comemos en el día. ¿Dónde está entonces el 75% restante?

Aproximadamente, otro 25% está en los alimentos que llamamos “saladísimos” y que cualquiera sabe que un hipertenso no debería consumir. Entre estos alimentos están los embutidos, las papas fritas de copetín, los palitos salados, el maní con sal, las aceitunas en salmuera, etc. Estos alimentos ya desde el vamos no forman parte de la dieta del hipertenso, preocupado por controlar su presión, pero quizás esté consumiendo mucho más sodio del que piensa, ya que la mayoría del sodio que consumimos en un día se encuentra en dos grupos de alimentos, que a veces ni siquiera tienen gusto salado: los panificados y los quesos.

Cuando hablamos de panificados, nos referimos no sólo al pan, sino a todos aquellos productos que se hacen con harina leudante: galletitas dulces y saladas, medialunas, facturas, tortas, budines, pizzas. Muchas personas eligen el pan de salvado (pan negro), pensando que por esto no tiene sal. El contenido de sal del pan no tiene nada que ver con que sea pan blanco o pan negro. Tenemos que pedir pan sin sal cuando vamos a la panadería, si es de salvado, mejor aún. Cuando compramos en el supermercado, por ejemplo, pan lactal, tenemos que leer la etiqueta para asegurarnos que sea un pan sin sal. El hecho de tostar el pan no le quita la sal.

Con respecto a los quesos, tanto los más duros como los untables tienen, por lo general, mucha cantidad de sodio, y por lo tanto contribuyen enormemente a aumentar la presión. Por suerte, hay cada vez más variedades de quesos sin sal.

Conociendo estos porcentajes es más fácil asegurarnos una dieta baja en sodio, lo cual es uno de los pilares para que nuestra presión esté bien controlada. Si logramos hacer un ahorro inteligente de sodio, evitando los alimentos que lo contienen en grandes cantidades, como los panificados y quesos, podremos gastar un poco de sal en aquellas comidas que no toleramos sin ella.

Si vamos a un restaurante y le pedimos al mozo que se lleve el salero de la mesa, pero mientras estamos esperando la comida, nos comemos el pan de la panera, ¡no estamos ahorrando nada, de hecho, estamos gastando más sodio que si hubiéramos usado un poco de sal en lugar de comer el pan!

Actividad Física

Fuente: Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (www.saha.org.ar)