CÓMO RESPIRAMOS CUANDO DORMIMOS

Dr. Daniel Llanos, miembro de Comisión Directiva de la sociedad Argentina de Hipertensión Arterial 2019-2021

¿Alguna vez pensó que la manera de respirar al dormir puede tener ver con la hipertensión arterial (HTA)? ¿Pensó que puede influir en su salud? Más aún, ¿pensó que los ronquidos nocturnos no son solamente “ruidos molestos” para el compañero de cuarto, sino que pueden ser, algunas veces, un llamado de atención para enfermedades crónicas? Estas preguntas deberíamos hacernos ante una alteración en la calidad del sueño y la presencia de factores de riesgo cardiovascular.

La apnea obstructiva del sueño (AOS) es un trastorno caracterizado por episodios repetitivos de apnea o flujo de aire inspiratorio reducido a pesar de un aumento en el esfuerzo respiratorio causado por la obstrucción de la vía aérea superior durante el sueño.

Su manifestación más común, es el ronquido, aunque no todas las personas que roncan tienen AOS. Otro forma de presentación, es que el/la compañero/a de cuarto haya presenciado las apneas (pausa en la respiración). Los síntomas diurnos que pueden acompañar a la AOS son la somnolencia excesiva (se quedan dormidos con facilidad, y en situaciones diversas), cansancio extremo y dificultad en la concentración.

Se presenta mayormente en personas con sobrepeso u obesidad y es más frecuente en quienes consumen sedantes y/o bebidas alcohólicas antes de dormir.

La hipertensión y la AOS con frecuencia coexisten y ésta última puede ser una causa de hipertensión. Incluso, el tratamiento de la AOS puede disminuir la presión arterial.

La AOS grave (pero probablemente no las formas leves) se asocia con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares relacionados con la enfermedad coronaria, cerebrales y arritmias.

Es importante aclarar que existen estrategias diagnósticas basadas en preguntas simples sobre los síntomas comentados que muestran la probabilidad de que una persona padezca este problema. Si la sospecha de AOS es firme, el médico de cabecera puede indicar la realización de un estudio del sueño, llamado polisomnografía. Este estudio no solo permite confirmar el diagnóstico, sino que además evalúa severidad.

El tratamiento indicado, independientemente de la severidad, incluye el descenso de peso, una alimentación liviana en la cena, actividad física diurna, evitar las bebidas alcohólicas y los sedantes antes del descanso nocturno. Si bien estas medidas mejoran la sintomatología, en los casos severos, es necesario implementar dispositivos especiales de oxigenación durante el sueño.

Fuente: SAHA

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